Luis Enríquez Travezaño
La hegemonía de las derechas, y su modelo democrático neoliberal totalitario, es real. A fines de los años 80, e inicios de los 90, con la caída del Muro de Berlín y de la real politik socialista, se impone a nivel mundial. En el Perú, el modelo forjado por el Consenso De Washington y los Chicago Boys, se instaura a través del golpe de Estado perpetrado por Alberto Fujimori el 5 de abril de 1992.
La hegemonía de las derechas, y su modelo democrático neoliberal totalitario, es real. A fines de los años 80, e inicios de los 90, con la caída del Muro de Berlín y de la real politik socialista, se impone a nivel mundial. En el Perú, el modelo forjado por el Consenso De Washington y los Chicago Boys, se instaura a través del golpe de Estado perpetrado por Alberto Fujimori el 5 de abril de 1992.
En el año 2000 diversos factores (movimiento social y ciudadano, oposición
cultural e intelectual, desgaste político del fujimorismo, develación de los
llamados: vladivideos) decidieron el
fin de la dictadura fujimorista.
Pero no del modelo impuesto.
El esquema teórico de Friedman, y práctico de Pinochet, no fue
reformado a pesar de que su base legal: la Constitución Política de 1993, es un
genuino producto de esta suerte de fascismo (Mario Vargas Llosa) acriollado que
es el fujimorismo.
El modelo de desarrollo que Paniagua no pudo reformar, Toledo no
quiso, García agudizo, y, todo parecería indicar, Humala continuará, es
herencia del fujimorismo.
Y los herederos son las derechas.
Sus matices confluyen en la aprobación del modelo. Desde Vargas
Llosa (Mario suele plantear una síntesis crítica del fujimorismo disociando su objeto
de análisis. Por un lado estaría el fujimorismo como estructura política,
social, e ideológica, que afectó, y afecta, a las relaciones sociales
organizacionales del país en su esfera pública y privada. Este fujimorismo es
el que Mario rechaza y combate. Por el otro lado estaría el fujimorismo
económico que no es otra cosa que la aplicación, con características propias, del
modelo de desarrollo capitalista neoliberal en el Perú. Sobre este fujimorismo
Mario siempre ha guardado un discreto silencio por razones ideológicas. El
error en su análisis radica en el hecho mismo de la disociación. Proponer una
síntesis crítica del fujimorismo, u otro paradigma social, implica
necesariamente analizar al fenómeno como un todo. Por lo mismo se infiere que
no existe un fujimorismo político y social, y otro económico. El fascismo
acriollado es uno solo. Es una totalidad. Es un modelo que no se puede desarmar
según conveniencias) hasta Jaime Bayly, desde Bedoya Reyes hasta Alan García, desde
Rosa María hasta Cecilia Valenzuela, desde Álvarez Rodrich hasta Aldo
Mariátegui. Las derechas han aceptado el bien que la dictadura les legó. El
arquetipo de Montesinos.
El país de Fujimori.
El Perú de Alberto es el de la ortodoxia capitalista, del mercado
como fin y de la democracia como medio, de la disminución de derechos sociales,
del consumismo como valor y el egoísmo como moral, del totalitarismo
neoliberal.
Del nihilismo.
El modelo que heredaron, y aceptaron, las derechas peruanas es un
modelo de desarrollo que no está relacionado únicamente con la economía (extractivismo
primario exportador), sino que atañe a todos las facetas y organización como
sociedad. Este sistema no sólo significa bienestar macroeconómico (como
fundamento), significa también precariedad de la democracia, injusticia, ahondamiento
del clientelismo político y la fragmentación social, absentismo del Estado, perversión
de las estructuras mentales (corrupción, discriminación, racismo, inmoralidad,
interiorización del nihilismo).
Las derechas políticas al no tener más ideario que el dinero, y al
no tener partidos (ruina institucional) que los vinculen políticamente con la
sociedad (la preeminencia de las derechas está ordenada por los poderes fácticos
y mediáticos), han aceptado el fujimorismo como paradigma.
Un paradigma antidemocrático.
El paradigma fujimorista es el resultado de la Historia (Sinesio López)
entendida como estructura. Es el resultado de la tradición autoritaria (Flores
Galindo), y el contexto en el cual se extendió. Esta práctica antidemocrática (el
politólogo estadounidense Steven Levitsky, quien junto a Lucan Way caracteriza el
régimen fujimorista como autoritarismo competitivo, se equivoca al proponer un
fujimorismo ideológico, que no existe como un conjunto de ideas por su cultura
caudillista y pragmática, místico, que es una tradición inventada no exclusiva,
militante, que es inestable en sus bases sociales cimentadas con políticas
asistencialistas, con posibilidad de convertirse en un partido que fortalezca
la democracia, que es un absurdo porque el fujimorismo sin Fujimori no existe y
el fujimorismo es en esencia anti partido y antidemocrático) ha configurado el
Perú contemporáneo.
Las derechas han convertido, consciente o inconscientemente, al
fujimorismo, en confluencia con un falso liberalismo (el liberalismo no banca
ni tranza con autoritarismos de ninguna laya. Es la actitud mostrada por Mario
y Álvaro Vargas Llosa en la elección presidencial del 2011. Por el contrario,
el falso liberalismo adhiere fascismos que restringen libertades y derechos. Es
el caso de la política exterior de los Estados Unidos e Israel y sus aliados, o
el de los azarosos “liberales” peruanos que en la coyuntura electoral referida apoyaron,
sin atisbo de duda, al fascismo acriollado, lo cual no es de sorprender ya que
nuestros “liberales” suelen pensar, usualmente, como conservadores, y actuar,
en diferentes temas de interés nacional, como quinta columna), en normativa.
Este hecho no es un fenómeno nacional (aunque sí tiene sus
particularidades). Está relacionado con las políticas internacionales de la
economía de mercado.
El establecimiento de nuevas políticas pragmáticas asociadas al
mercado (European Estability Mechanism), relacionadas con la crisis del neoliberalismo
como modelo de desarrollo, están articulando un nuevo paradigma antidemocrático.
La democracia realmente existente.
La historia ha sido injusta con José Carlos Mariátegui. Ella
habitualmente ha indicado que las izquierdas peruanas son sus herederas
políticas, sus beneficiarias ideológicas, sus usufructuarias intelectuales,
cuando en realidad es otro actor el que legó a las izquierdas.
Eudocio Ravines.
Si bien es cierto que José Carlos apertura el socialismo, como
pensamiento (7 Ensayos De Interpretación
De La Realidad Peruana, Amauta) y
como organización política (funda, junto a Manuel Hinojosa, Avelino Navarro,
Julio Portocarrero, Julio Borja, Bernardo Regman, Ricardo Martínez De La Torre,
Luciano Castillo, y Ricardo Chávez León, el Partido Socialista Peruano en 1928),
es Eudocio quien, al morir Mariátegui en 1930, trunca este proyecto y decide,
como secretario general, en una acción más que simbólica (y por la política de
la Komintern), cambiar el nombre del
partido a comunista. Este hecho significó la vinculación política dependiente
con el estalinismo, y el proceso de ideologización.
El dogma y el sectarismo de las izquierdas peruanas (y mundiales).
El marxismo y el leninismo fueron convertidos en religión (y
Stalin en sumo pontífice), los comunistas en fanáticos, y el pensamiento de
izquierda pasó de ser crítico a único.
Este pensamiento único no debe ser entendido como unidad política.
La ideologización fragmentó políticamente a las izquierdas ya que,
este pensamiento único, se reprodujo entre sus numerosas y distintas capillas
creando, cada una de ellas, una verdad absoluta en hostilidad con las otras.
Los pensamientos de Marx y Lenin se deifican al descontextualizarlos,
es decir al ser apreciados sin tomar en cuenta su contexto histórico (sus
producciones culturales deberían ser comprendidas como constructos de su época).
Y al ser convertidos en paradigmas científicos.
Ser asumidos como doctrina científica (marxismo leninismo)
propicia contradictoriamente su divinización, la pérdida de su carácter
histórico, subjetivismo (visión marxista de la historia), y noción de la
realidad (interpretación subjetiva y anacrónica).
Las izquierdas peruanas nunca se dispusieron como institución
democrática (la Izquierda Unida de los años 80 quedó en perspectiva). Su
religión favoreció la adhesión, y justificación, de experimentos opresivos
(Unión Soviética, Cuba, China, Corea Del Norte, Kampuchea Democrática, Bloque
Del Este), y revolucionarios (Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Partido Comunista
del Perú-Sendero Luminoso, Movimiento Revolucionario Túpac Amaru). Favoreció su
inexistencia como partido, su fragmentación política, su falta de identidad
nacional, su falta de representación electoral.
Las izquierdas son las herederas de Ravines.
Steven Levitsky y Carlos Meléndez se equivocaron al afirmar que
“el fujimorismo es el aprismo del siglo xxi”, comparación, por lo menos,
desafortunada (comparar el aprismo de Víctor Raúl, Manuel Seoane, Luis Alberto Sánchez,
Carlos Manuel Cox, Luis Heysen, Andrés Townsend, Ramiro Prialé, el aprismo
auroral de Ciro Alegría y Magda Portal, con el fujimorismo de Alberto, Vladimiro,
Keiko, Kenji, Santiago, las “chicas súper poderosas”, es un despropósito. Sólo
el “búfalo” Pacheco podría caber en tal comparación).
El nacionalismo es el aprismo. El nacionalismo de Ollanta Humala
es el aprismo de Alan García.
El heredero de Alan es Ollanta.
Humala es el heredero ideológico (el aprismo es una variante del
nacionalismo adornado con La Marsellesa), y práctico (la dualidad contrapuesta:
candidato-gobernante, que en política significa que el gobernante no va a
cumplir las promesas que como candidato ofreció, y el doble discurso conocido
como “escopeta de dos cañones”, es de uso corriente en Alan) de García.
El aprismo, como matiz ideológico del nacionalismo, es pragmático.
No tiene principios ni ética, ni moral.
Es una indefinición (puede estar ubicado a la izquierda, a la
derecha, al centro. Es una hoja en el viento)
Por lo mismo los virajes políticos de los actores son recurrentes
(Haya en 1956, García en 2006, Humala post Conga en 2011. Todos hacia la
derecha. En el caso de los apristas los virajes fueron resultados de procesos
que duraron años y significaron ajustes y reinterpretaciones a su ideología. En
el caso de Ollanta su viraje se dio en menos de 5 meses y no tuvo mayor
significación ideológica. Políticamente significó la defenestración de su
instrumento electoral de izquierda. Sinesio López explica el viraje, de Humala,
con la hipótesis, que adhiero, de la captura del Estado y su aparato de
gobierno por el gran capital).
Este pragmatismo, aunado al caudillismo y a la ausencia de
partidos (el aprismo no se consolida como partido, a pesar de que su
organización tiene todos los elementos necesarios para hacerlo, entre otras
razones por el liderazgo de García –cultura autoritaria de jefatura- que lo ha
convertido en su patrimonio), emprende contra la democracia y la construcción
de instituciones políticas partidarias.
El macondo de las instituciones políticas (no existe un sistema de
partidos) está relacionado con los actores y la estructura, y afecta directamente
la representación democrática (democracia en perspectiva). Es un problema que
no se reduce tan sólo a la precariedad de los actores políticos ni al sistema
organizacional.
El pragmatismo, de larga duración, de las derechas y el
nacionalismo, ha forjado un modelo antidemocrático. Su enajenación al
fujimorismo es el producto de la inexistencia de un sistema partidario y de las
circunstancias históricas (preeminencia de los poderes fácticos y mediáticos,
caudillismo, nación inacabada, situación de contexto).
Las derechas tendrían que reconstruir su tradición política
rescatando el pensamiento liberal histórico (Francisco García Calderón Rey), nacional
(Jorge Basadre, Víctor Andrés Belaúnde), y relacionarlo dialécticamente con el moderno
(Mario y Álvaro Vargas Llosa), vinculándose a la sociedad a través de un
proyecto político nacional liberal, no libertario (Martín Tanaka explica el
conservadurismo de las derechas liberales peruanas con la hipótesis de la
influencia del liberalismo libertario), de centro derecha, que necesariamente
exigiría una articulación partidaria con base social, alcance nacional, y un
programa que actúe como eje cohesionador de sus distintas fuerzas políticas.
Este trabajo de base, y organización, sería el primer paso para la
institucionalización (lo que sólo se lograría en el largo plazo. Una
institución política no se crea por decreto. El Estado no puede crear un
sistema de partidos. A los partidos los forjan los actores y la Historia).
La conformación de un partido al estilo del Republican Party, y la
consolidación del aprismo nacionalista (reconstrucción de su tradición
política: Haya, Sánchez) como institución, fortalecerían la democracia.
Una identidad política democrática liberal institucionalizada les
permitiría a las derechas tener libertad de acción respecto a los poderes
fácticos y mediáticos (y a su vez estos ya no tendrían el control total de las
relaciones de poder), y romper la relación de dependencia con el fascismo
criollo (fujimorismo) al que recurre el falso liberalismo cuando se asusta
(César Hildebrandt).
Las derechas deben construir democracias libres, el gobierno de
los ciudadanos y no el designio del
mercado.
Las ideologías descontextualizadas (marxismo, leninismo,
estalinismo, maoísmo, trotskismo) no sólo han desestructurado a las izquierdas,
también han producido anacronismos autoritarios (Cuba, FARC, neo senderismo, violencia
revolucionaria, dictadura del proletariado) y subjetivos (La religión marxista
ha creado verdades absolutas en el imaginario de las izquierdas). La dualidad,
entendida como contradictoria, que define el ideal de las izquierdas y el de
las derechas: justicia (izquierdas) y libertad (derechas), y que opone lo
cultural a lo natural (lo social relacionado a lo cultural y lo individual a lo
natural), han significado históricamente, para las izquierdas, asumir compromisos
con regímenes despóticos, tiranías, “socialismos” totalitarios, persiguiendo un
ideal de justicia que inhibía la libertad de las personas (a su vez las
derechas liberales cimentaron democracias injustas).
La preeminencia del mercado, en el contexto actual, apertura un
nuevo escenario: el ordenamiento de nuevas políticas pragmáticas asociadas al
mercado (“markt konforme democratie.” Angela Merkel) están configurando un
modelo de democracia realmente existente (el experimento europeo). Ante tal
situación las experiencias reformistas (políticas nacionales independientes en
relación con el sistema globalizado) de las izquierdas latinoamericanas
(Uruguay, Brasil, Argentina), se presentan como una alternativa de instauración
democrática.
Esta realidad antepone a las izquierdas peruanas: construir un
ideario nacional histórico y cultural (José Carlos Mariátegui, César Vallejo, José
María Arguedas, Alberto Flores Galindo), situar ideologías y hechos en su
tiempo y espacio, reencontrarse con la socialdemocracia, acabar con los
anacronismos y los subjetivismos, proponer una unidad programática, desde las
bases y los distintos actores políticos e intelectuales, que tenga una agenda, que
realice un trabajo político que recree la comunicación con la sociedad (recrear
el vínculo), que le dé forma a un proyecto político nacional reformista (urgen
reformas de Estado, salud, educación, justicia, marco legal, políticas de
interés nacional, de industrialización, de seguridad ciudadana, de diversidad
cultural y de género, políticas laborales, medio ambientales, fiscales, en
relación independiente con la economía de mercado-creación de un nuevo
paradigma de desarrollo) y propio (la aventura con Ollanta debería ser la
última en la que el fin se antepone a los medios), que forje una identidad, y
que cimente los principios para su institucionalización.
Converger justicia y libertad.
Construir un proyecto político moderno de centro izquierda
representa una alternativa para la democracia en perspectiva, y una
contrariedad para las tentaciones autoritarias del capitalismo neoliberal.
Lima, Abril de 2012.
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